Por Lucina Kathmann
México, como toda América Latina, sufre de ser muy centralizado. La sobre-centralización ha sido culpada del subdesarrollo, la inflación y casi todos los problemas económicos de México; también es culpable de problemas en su mundo literario. Desde que alguien pueda recordar, casi todas las publicaciones, atención, ventas, distribución, reseñas críticas y publicidad para literatura han estado concentradas en la capital. Si uno quería escribir, tenía que ir a la capital. Pero no todos pueden. Para muchas mujeres, escritores indígenas y de hecho, para casi cualquier escritor que no goza de dinero y privilegio, puede ser imposible. Los escritores que quedaron en las provincias, regiones que representan una población acercándose a los 100 millones de personas, estuvieron sin atención, sin recursos, casi sin esperanza.
En los años 80 el gobierno mexicano empezó un programa innovador de mandar a escritores importantes a las provincias para coordinar talleres literarios, usualmente se reunían una noche por semana en el centro cultural de un pueblo. Los talleres han rendido frutos en abundancia. Desde los años 80 ha habido un movimiento literario muy vivo en el interior de la República, que incluye a muchas mujeres y escritores indígenas. Muchos de ellos rutinariamente “tallerean” su trabajo; por medio de este fenómeno la palabra ahora se usa mucho como verbo. (tallerear)
Gobiernos regionales como los de Guanajuato y Baja California Norte han creado premios literarios. Se llaman premios nacionales, y a veces son otorgados a escritores de la capital, pero todos entienden que el hecho de que vienen de gobiernos regionales quiere decir que los competidores de las provincias deben recibir trato equitativo. Típicamente los textos que compiten son sometidos a juicio bajo seudónimos y nadie sabe aun si fueron escritos por hombres o mujeres. Aunque los jueces son frecuentemente capitalinos, usualmente hay mujeres y escritores regionales entre los ganadores.
¿Cómo es posible? Los jueces saben que estos premios nos retan a todos a deshacernos de nuestros viejos prejuicios y abrir nuestros ojos, y milagrosamente, podemos hacerlo. El ver tres novelas, ganadoras sucesivas de los premios Ibargüengoitia de 2004, 2005 y 2006, otorgados por el gobierno del estado de Guanajuato para la mejor novela de la competencia anual, demuestra esto.
La ganadora de 2004, Los empeños de Consuelo, por Maruja González, miembro desde hace muchos años de un taller literario al cual yo también pertenecía, cuenta la historia de tres huérfanas en la miseria que buscan mejorar su suerte por medio de encontrar un esposo rico para la más joven de ellas. Esta obra de época incluye recetas para remedios caseros intercaladas en su trama humorística.
La ganadora del premio Ibargüengoitia 2005, Soles bajo la piel, por Carlos Bustos, es el cuento picaresco de un hombre que empieza un viaje largo para vengar el honor de su prima lejana, Octavia Esperanza del Pesar y Vanosto, cuyo nombre es un chiste en sí mismo. Su honor también resulta de dudoso valor.
La ganadora de 2006, Música para los buitres, por Raúl González Nava, es una novela detectivesca. Ganó el premio como novela, no en una categoría especial.
En otro concurso regional basado en la ciudad fronteriza de Tijuana, la novela Susurros bajo el agua, por Moisés Zamora, un joven escritor regional, ganó el Premio Binacional 2004 de Novelistas Jóvenes “Fronteras de Palabras.” También obtuvo una
mención honorífica en el Premio Madrid VI de Primera Obra de Jóvenes Narradores. Esta novela poética es verdaderamente global. Situada en París, cada personaje tiene una nacionalidad diferente.
La ganadora del premio Ibargüengoitia 2007, Señuelo, por la novelista bien conocida de la ciudad de Guadalajara, Martha Cerda, todavía no ha sido publicada. Entre los libros más recientes de Martha Cerda es La mujer del policía (2005) En este libro, su sentido de humor surrealista reaparece, acordándonos de una de sus novelas tempranas, La señora Rodríguez y otros mundos (1990). Este libro fue publicado en París en 1993 como La Señora Rodríguez et autres mondes por Indigo & Coté femmes Éditions y ha sido traducido a muchas otras lenguas.
Algunos libros recientes del interior de México resisten todo esfuerzo para clasificarlos. Antonio Rodríguez Simón, quien emigró a la provincia mexicana de las Islas Canarias hace muchas décadas, ha publicado dos libros, tallereados bajo la coordinadora Gilda Salinas. El padre de Rodríguez fue un poeta del barrio, una persona que escribió poemas para conmemorar eventos locales en las Islas Canarias. Rodríguez empezó a escribir después de jubilarse de una carrera en negocios. Sus libros parecen ser novelas, pero en realidad son verídicos, y el último contiene fotos históricas para documentarlo. El primero, Regino (2004), cuenta la historia de un asesino en serie. El segundo, El largo vuelo del canario (2007), trata de un hombre de negocios honorable. Los dos son emigrados de las Islas Canarias que el novelista Rodríguez ha conocido personalmente; el segundo es un pariente de su esposa.
Aunque hay un ámbito más amplio y más tolerancia en el movimiento de literatura regional mexicana, de todos modos las novelas generalmente caben dentro de varios corrientes mayores de la literatura de América Latina. Voy a examinar unos de estos textos más atentamente para mostrar sus relaciones con dos diferentes grandes categorías, el costumbrismo y el realismo mágico.
El costumbrismo
El costumbrismo, es decir, el uso de costumbres e historia regionales en la literatura, ha sido un elemento básico en la literatura mexicana por mucho tiempo, sobre todo la literatura de la provincia. Los empeños de Consuelo, por Maruja González, incluye remedios caseros hilarantes de muchos tipos, algunos del campo, algunos de su propia familia. Aquí hay uno:
Si le dan calambres por las noches (esto lo hacía don Serapio y no le fallaba nunca):
El chocolate en la noche cae muy pesado, suele producir calambres, además de pesadillas, y cuando éstos atacan lo hacen con gran dolor. Lo que hay que hacer es darle vuelta a las zapatillas, pantuflas o chancletas que se acostumbran dejar bajo la cama y colocarlas con la punta hacia adentro. El remedio es inmediato. (p.86)
Aquí hay otro:
Contra el espanto (esta receta es de la consuegra de don Serapio, suegra de Carlota):
Cuando alguien ha tenido un susto muy fuerte y en la botica no se ha encontrado agua de contra-espanto, que suele suceder que se ha acabado porque es muy solicitada, lo mejor es agarrar al susodicho asustado desprevenido y rociarle la cara con un buche de mezcal, a que quede bien mojado. De pronto se molestará, pero a la larga le quedará agradecido. (p.134)
El material, aun cuando es chistoso, puede ser horrible:
Para la inflamación de las anginas (Otro remedio de la nana Trinidad que sí sirve, se lo hizo a Consuelo cuando se cayó en la pila del jardín y le salieron tamaños anginones):
Cuando a un niño le duele la garganta porque tiene inflamadas las anginas, no hay nada mejor que lo siguiente: cataplasma con rana.
Se busca una rana de buen tamaño. Se le raja la panza con un cuchillo filudo, teniendo cuidado de que el animal no se muera. Se abre y se le planta—la rana—con la herida hacia abajo y las patitas a los lados del pescuezo a la criatura—el niño—(que el corazón de la rana esté latiendo en el lugar donde deben estar las anginas del niño). Encima se le pone un paño caliente. Se amarra todo con un paliacate o servilleta y se deja ahí un buen rato a que absorba el mal.
Si el niño se asusta, cosa que es muy probable, porque la rana se mueve o lo mejor lo araña con las patas delanteras debajo de las orejas, hay que decirle—al niño—que es por su bien y que no le pasará nada. Si se pone rebelde—el niño—y se agita, lo mejor es atarlo un rato a la cama hasta que el animal—la rana— cumpla con su cometido. (pp.53-4)
La novela reciente de costumbrismo mejor conocida fue Como agua para chocolate (1989), de Laura Esquivel, de la cual se hizo una película exitosa. Fuertemente impulsada por su trama, no se puede soltar. Contiene muchas recetas de comida tradicional que intensifican su tono romántico y nostálgico. También usa el ingenio de fascículos, supuestamente entregados mes por mes, un ingenio que Martha Cerda también usa en La mujer del policía.
Se podría decir que la novela de Cerda, Señora Rodríguez y otros mundos, también recurre a una forma de costumbrismo, aunque esta vez las costumbres son las de la clase media urbana de hoy. En la novela de Cerda, la fuente de estos elementos usualmente es la suegra de la señora Rodríguez.
Susana y Carlitos fueron preparados por su abuela para hacer la primera comunión. La santa señora se empeñó en inculcarles a sus nietos las verdades eternas y las buenas costumbres que ella había practicado siempre, junto con un sinnúmero de oraciones que deberían recitar antes de levantarse, de acostarse, de comer y hasta de bañarse; cosa que hacían vestidos por temor de caer en la tentación. Y con el propósito de que los niños no olvidaran sus enseñanzas, mandó imprimir unas estampitas de la Virgen con el siguiente texto: “Recuerdo de la Primera Comunión de Susanita y Carlitos Rodríguez, celebrada el día diez de mayo de 1965”…
“Y pensar que mi suegra mandó imprimir diez mil por lo que se ofreciera”, suspiro la señora Rodríguez, persignándose y dándose un beso tronado en el dedo gordo, a la vez que recordaba las miles de novenas y jaculatorias rezadas por su suegra para asegurar su entrada al cielo, antes de que la Iglesia decidiera que ya no había indulgencias plenarias. (pp. 100-01)
El realismo mágico
Muchas o aun la mayoría de las novelas en América Latina exhiben alguna forma de realismo mágico. En Soles bajo la piel de Carlos Bustos, aunque empieza en terra firma, pronto se mueve hasta lugares mágicos. En el viaje del héroe para descubrir si su prima fue llevada por un herrero misterioso, se detiene en Nazarán:
Nazarán, villorrio donde la lluvia no termina de caer, es el reino de los objetos extraviados. Su arquitectura es muy irregular debido a que está construida con todos los materiales que se han perdido a lo largo de las centurias. Cuenta con puertas turcas, arcadas arabescas, balaustradas italianas… En el escaparate de aquella tienda atiborrada de toda clase de relojes se vende el tiempo perdido; baste caminar dos cuadras para encontrarse con un almacén...[donde].. se guardan las plegarias, las promesas y las peticiones que no llegaron nunca a Dios. Si se sigue la corriente calle abajo, se encontrará protegido por una carpa …un mercado que vende todas las balas de pistola, fusil, rifle, cañón, que fueron disparadas y no dieron en el blanco…
[Pretenden] comprar en abonos un amor en el Bazar de los Amores Perdidos.
( p. 69-70)
Susurros bajo el agua, por Moisés Zamora, no está escrita en el estilo de realismo mágico; no obstante, el tema del corazón, que recurre en todo el libro, se trata de manera mágica.
Un doctor dice a Claudio, el personaje principal:
–Mire, le enseñaré– puso una de las radiografías de mi pecho en la pared luminosa y vi cómo es mi corazón, se le notaba su timidez –¿ve ese pequeño círculo blanco en el lado izquierdo de su corazón?
– Sí ¿qué es, doctor?
– No estamos seguros, pero creemos que puede ser un tumor. Los análisis nos lo dirán.
– ¿Cáncer?
– Me temo que sí. (p.122)
Este cáncer se debe a la esperanza de un amor imposible, explica el doctor. Otros análisis médicos corroboran la diagnosis.
–Mira– puso tres piedras rojas, cristales que parecían rubíes vírgenes, –el cáncer está afectando tu sistema nervioso e inmunológico. Por ello, tu sangre produce deseo, para curar las lesiones, pero como el cáncer se desarrolla tan rápidamente, estas sales constriñen las vías sanguíneas y las deposita en tus riñones. Con el tiempo se convierten en piedras como las que encontramos en tu orina. ( pp. 178-179)
Finalmente Claudio padece una operación en la cual sacan mariposas y también el corazón de su pecho, todo aparentemente con buen efecto.
El estilo de La mujer del policía, la novela más reciente de Martha Cerda, probablemente debe llamarse realismo mágico, pero aunque es definitivamente mágico, es difícil decir en qué sentido es realista. Tal vez el elemento realista es su pretexto: un joven estudiante (cuyo nombre nunca sabemos) tiene el cargo de investigar una alegación de que Enedina García, mujer de un policía que supuestamente vive en Donceles 800, un edificio de departamentos en la capital, es víctima de violencia doméstica. Sale en busca de ella.
Después de esto, nada se queda en el plano racional. Tiempo, espacio, carácter, atributos, todo va patas para arriba. Los detalles son maravillosos. El estudiante se mantiene parado fuera del edificio hasta el punto que, por ejemplo, alguien considere pegar un póster “Vota por…” sobre él. Los gatos del barrio empiezan a aceptarlo. Pero, en cuanto a la trama…¿Enedina existe? ¿Vive en este edificio? ¿Es justa la descripción de ella que le dieron en la universidad? ¿Cómo es su matrimonio? ¿Tiene hijos? ¿Hay alguien, entre los muchos que dicen que la conocen, que realmente la conoce? El lector no avanza.
El estudiante está inexorablemente atraído por su mundo, un mundo claramente lejos de su origen, hasta que se vuelve una parte inextricable de ello -- todo sin conocerla nunca, aun sin descubrir ninguna evidencia real de ella. La única vez, cuando parece que la ha encontrado, la persona que el ha encontrado resulta ser un prostituto travestido que hace negocio fingiendo ser la fantasía de cualquier cliente. Es Enedina porque :
–Yo soy para ti lo que tú quieras, la mujer del policía, la del pirata, la del diputado. Tú nomás dime, papacito. (p.104)
La novela está estructurada como un serial, con 25 episodios y un epílogo, supuestamente entregados (no dice a dónde o a qué publicación), uno cada domingo. Cada uno comienza con un poema, usualmente bastante juguetón, sobre algún aspecto de la historia de-construida, tal como:
La mujer del policía
no llega precedida del Carnaval
como la Cuaresma,
no llega precedida de vivas y cohetes
como el año dos mil,
la mujer del policía
no llega. (p.104)
Para sumar al misterio, un acotamiento dice que todo el manuscrito fue hallado en un café en agosto de 2005 y parece haber sido empezado en 1999.
El mundo de esta novela gira en torno a un edificio que, de casualidad, no existe; la calle Donceles (una calle real en la Ciudad de México donde se venden libros usados) no tiene el número 800. No obstante, la novela gira alrededor de ello. En contraste, la novela más temprana de Cerda, Señora Rodríguez y otros mundos, se desprende hasta la infinidad en todas las direcciones. No precisamente por la señora Rodríguez misma, quien generalmente se halla cerca de su casa, pero por los otros mundos con los cuales su mundo alterna. Son una banda tenebrosa de mundos sin relación aparente con el mundo de la señora Rodríguez. Entran al fin de cada capítulo, se presentan brevemente y salen rápido otra vez, sin dejar rastro evidente, mientras las ocurrencias del mundo propio de la señora Rodríguez siguen una cierta lógica, o casi la siguen. Los otros mundos pueden servir para desequilibrarnos y así empezar a prepararnos para las muchas violaciones de la lógica ordinaria que pronto se desarrollarán.
La señora Rodríguez nunca se ve sin una bolsa grande. “Hay quien dice que no la ha reconocido sin ella.” (p. 17) Los objetos que ella encuentra en esta bolsa empiezan bastante tranquilamente, con un rosario que le dio su suegra, una receta, unos chicles etc., pero pronto se transforman para pregonar y también provocar cambios radicales en su mundo. Al rato la señora Rodríguez registra en su bolsa y topa con la cola de un dinosaurio. (p.72)
La bolsa está involucrada en accidentes en los cuales la señora Rodríguez atraviesa tiempo, espacio y dimensión, dejando al santo señor Rodríguez para recoger los pedazos de sus contratiempos topológicos, una tarea a la cual parece sorprendentemente apto. Un día llega a la casa y encuentra a la señora Rodríguez desnuda, gateando por el piso de la sala, arrastrando su bolsa, cuyo contenido está desparramado por toda la casa. Se apura para remplazar todo en su bolsa, entendiendo que, al tratar de poner orden a sus cosas, con cada artículo que sacó sucesivamente de la bolsa, perdió toda memoria de su significado y contexto. La autora se queja de que “en su prisa revolvió los días con las noches, presente con pasado y juntó un miércoles de ceniza con un viernes santo”, (p.76) pero cuando el señor Rodríguez terminó y cerró la bolsa, la señora Rodríguez recuperó la memoria, entonces me parece una queja menor.
En otro lance imprevisto, la señora Rodríguez se involucra en un problema matemático, un retroceso infinito. No es el único en el libro; la señora Rodríguez definitivamente tiene problemas con el infinito. Pero cerraré con esto porque demuestra cómo, en el mundo de la señora Rodríguez, que tal vez sea el mundo de todos nosotros en América Latina, tales andanzas pueden ser bellas y aun exaltadas.
Una noche la señora Rodríguez soñó que abría su bolsa y de ella salía ella misma abriendo su bolsa y de ésta salía otra señora Rodríguez abriendo su bolsa y así hasta el infinito. El señor Rodríguez, en cambio, sueña que la bolsa es un pozo sin fondo donde lo que entra ya no vuelve a salir. Recuerda el día en que la señora Rodríguez metió accidentalmente el retrato de su suegra a la bolsa y al poco rato aquélla murió. Y también cuando por casualidad guardó el reloj del señor Rodríguez en la misma bolsa y el señor Rodríguez perdió la noción del tiempo para siempre. Por eso se levanta a las tres de la mañana a bañarse y se duerme a las cinco de la tarde, mientras la señora Rodríguez sale al cine y va a tomar café con sus amigas y saca la chequera de su bolsa, la acaricia y la vuelve a guardar, igual que guardó las llaves de su casa y hasta las puertas del cielo para que nadie entre sin su consentimiento. Porque la señora Rodríguez no es como la pintan, cuenta el señor Rodríguez; y él debe saber más que yo, pues ha vivido con ella en estas páginas desde que empezó el cuento. (pp. 54-55)
EL FIN
Bibliografía
Bustos, Carlos, Soles bajo la piel, Ediciones la Rana, México, 2006
González Nava, Raúl, Música para los buitres, Ediciones la Rana, México, 2007
Cerda, Martha Señora Rodríguez and Other Worlds, trans. Sylvia Jiménez-Anderson, Duke University Press, 1997
La señora Rodríguez y otros mundos, Joaquín Mortiz, México, 1990, citas de la segunda edición, La luciérnaga editores, México, 1994
Cerda, Martha, La mujer del policía, Biblioteca de textos universitarios, Argentina, 2005
Cerda, Martha, “Historia de los talleres literarios en Guadalajara,” artículo inédito
Esquivel, Laura, Como agua para chocolate, Planeta, México, 1989
González, Maruja, Los empeños de Consuelo, Ediciones la Rana, México, 2005
Rodríguez Simón, Antonio Regino, Editorial Amat, México, 2004
Rodríguez Simón, Antonio El largo vuelo del canario, Ediciones Trópico de Escorpio, Editorial Solar, México, 2007
Zamora, Moisés, Susurros bajo el agua, CONACULTA, México, 2005.